Tecnologías

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Un corazón artificial sin pulso


Interesantísima historia la que hemos podido leer en DailyTech: hay actualmente cincuenta terneras y tres humanos cuyos corazones han sido reemplazados por una válvula artificial funcionando a 10.000 rpm que les permite una correcta circulación de la sangre pero los deja sin pulso, como si de vampiros se tratara.

La creación de un corazón artificial ha sido siempre una tarea difícil, pero una de las partes más complejas es precisamente la recreación del pulso. Los corazones de metal y plástico capaces de 'latir' construidos hasta ahora se han encontrado con problemas para superar los 18 meses de vida, además de necesitar un compresor de aire fuera del cuerpo. El nuevo LVAD (left ventricular assist device) de flujo contínuo puede reemplazar el corazón por completo y además no necesita más que una pequeña batería, algo mucho más práctico, dado el que escribe ya está acostumbrado a que su vida dependa de una batería: la de su smartphone. Por si fuera poco, la turbina tiene una duración exponencialmente mayor que la de los corazones artificiales. Visto así, el efecto colateral de no tener pulso se vuelve mucho más llevadero.

La investigación se ha llevado a cabo por los doctores O.H. Frazier y Billy Cohn del Texas Heart Institute en Houston. Mientras que, imaginamos, aún será necesaria una cierta experimentación, esperamos que el proyecto llegue a buen puerto, dado que podría aumentar nuestra esperanza de vida sensiblemente.

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Bombillas de Bajo Consumo Peligrosas

Cuidado! No es luz todo lo que reluce. Antes de cambiar una bombilla incandescente -la de toda la vida- por otra más moderna y de bajo consumo, lea este reportaje. Usted decide. Cierto que la nueva le durará hasta 10 veces más y que gastará un 80% menos de electricidad. Su bolsillo y el medioambiente se lo agradecerán. Pero en cambio su salud podría estar en precario. Ya sólo sus nombres asustan: migrañas, vértigos, eccemas... Riesgos potenciales que, según expertos, entrarían en nuestros hogares con el simple (¿y ecológico?) gesto de reemplazar las bombillas tradicionales por las ahorradoras (conocidas como Lámparas Compactas Fluorescentes, CFL en inglés), cada vez más de moda en el mercado.

Tan peligrosas serían las nuevas -contienen mercurio- que, en caso de rotura, lo más sensato sería desalojar el lugar al menos durante 15 minutos. Tampoco es recomendable recoger los restos con aspiradora ya que podría inhalarse el polvo contaminado con el tóxico. Ahí no queda la cosa. Por si fuera poco, la luz de estas bombillas (más intensa que la que emiten las lámparas de hilo convencionales) podría desencadenar migrañas y eccemas en personas con la piel fotosensible. Sin embargo, nada se advierte al consumidor en los embalajes de estas luces.

Quién iba a sospechar hasta hace una semana -cuando el propio Ministerio de Medio Ambiente de Reino Unido lanzaba la alarma a través de un polémico informe, tras un año promoviendo el uso generalizado de las CFL- que esas bombillas convertidas en iconos populares de la lucha contra el cambio climático (si ahorran electricidad, las centrales producen menos y contaminan menos), en la práctica no serían tan sanas para la gente como en realidad lo son para el ecosistema del planeta.

«Ya se ve a muchas personas que apenas pueden tolerar, no sin problemas de piel o con dolores de cabeza, la iluminación con bombillas de bajo consumo que se está utilizando masivamente en escuelas y oficinas», denunciaba estos días en Radio 4 de la BBC el portavoz de la Fundación Dermatológica Británica, John Hawk. «Este tipo de iluminación emite radiaciones electromagnéticas que, como es lógico, pueden llegar a alterar determinadas proteínas de la piel y producir así una reacción alérgica, lo que se llama fotosensibilidad», explica el doctor Julián Conejo-Mir. «No se puede descartar, por tanto, que aparezcan eccemas en la piel. Dependerá, en cualquier caso, del número de horas de exposición, de cada persona y de la distancia a la que se encuentre de la bombilla», añade el presidente de la Academia Española de Dermatología.

¿Estamos seguros en nuestras casas? Parecidos son los temores que suscitan los compuestos de las alfombras, sofás o televisores, fabricados con los llamados retardantes bromados del fuego, que se usan para reducir el riesgo de incendio. O los detergentes. O los mata cucarachas. Todos los días estamos expuestos a un sinfín de productos (según la Unión Europea hay en circulación unas 200.000 sustancias químicas legales) que nos penetran por la nariz, la boca, la piel, los ojos...

La respuesta de las compañías al controvertido e inesperado estudio británico ha sido hasta ahora el silencio. Desde la sucursal de Osram en España, firma alemana líder en la fabricación de lámparas de bajo consumo, los ecos que llegan a Crónica son de escepticismo e incredulidad. «Nos ha cogido de sorpresa. Es una exageración que no tiene base científica alguna. Estamos a la espera de lo que nos digan los jefes en Alemania. Se está estudiando», es toda la explicación que da una empleada de la multinacional.

Todas estas circunstancias arrojan más sombras que luces sobre los planes gubernamentales encaminados a sustituir las lámparas de toda la vida por las de ahorro. En toda la Unión Europea, donde se estima que hay unos 3.600 millones de bombillas antiguas (aún se siguen vendiendo 2.000 millones cada año), podrían ocasionar un apagón de los planes. De hecho, se pretende que para 2010-2015 la mayoría de los países, especialmente aquéllos que más electricidad consumen, haya terminado la reconversión lumínica puesta en marcha por la Comisión de la Energía de la Unión.

España, a través del Ministerio de Medio Ambiente que pilota Cristina Narbona, ha hecho del cambio de bombillas una de sus banderas verdes y fijado 2011 como fecha de su implantación en los hogares y centros de trabajo.

A la idea se han sumado ya varias ciudades españolas como Pamplona, Badajoz o Elgoibar, donde el Ente Vasco de Energía ha repartido 500 lotes compuestos por una bombilla de bajo consumo y diferentes guías con pautas para lograr el máximo ahorro energético en las casas. Igual camino está previsto que recorra Madrid, próximamente, con la sustitución paulatina del alumbrado público (ya se hizo en esta Navidad con buena parte de las luces decorativas), y una campaña destinada a promover el uso doméstico e industrial de las nuevas bombillas

¿Deberíamos tener miedo? Laura Hortelano, al menos, sí. «Tengo en casa lámparas de bajo consumo y padezco migrañas», dice a Crónica esta ciudadana, temerosa de las conclusiones que arroja el estudio británico. Nada extraño, sin embargo, para el neurólogo José Carlos Alvarez, del hospital Ramón y Cajal de Madrid: «Es cierto, hay personas con jaqueca que cuentan que la luz puede desencadenarles un episodio de migraña. Habrá que estar atentos». Y tanto...

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Asocian el uso creciente de teléfonos celulares con internet con un aumento en los niveles de estrés

Mientras más revisaban las personas internet por motivos personales, más ansiosas estaban, halló un estudio realizado en Inglaterra. 

Celulares con internet aumento estrés

A medida que el patrón de uso intensivo se acrecienta, también lo hace el estrés.

Investigadores del departamento de psicología de la Universidad de Worcester, en Inglaterra, señalaron que revisar compulsivamente los smartphone para mantenerse al día con las amistades y las "novedades" de las redes sociales provoca ansiedad. 

"Los smartphones se usan cada vez más para ayudar a las personas a afrontar distintos aspectos de sus vidas", comentó el autor del estudio Richard Balding. "Pero mientras más los usamos, más dependientes nos volvemos de ellos, y en realidad aumentamos el estrés en lugar de aliviarlo", destacó el psicólogo. 

Para explorar cómo el uso de iPhones, Androids, Blackberries y otros dispositivos portátiles parecidos podría elevar el estrés, Balding y equipo condujeron pruebas psicométricas de estrés en más de cien participantes, que incluían estudiantes universitarios, dependientes de tiendas y empleados del sector público. 

Los autores hallaron que las personas adquieren estos teléfonos inicialmente para manejar mejor sus obligaciones laborales. Sin embargo, a su vez notaron que los usuarios eventualmente terminan cambiando a interacciones más personales en los smartphones, cambiando el uso laboral por el deseo de mantener el control sobre la red social virtual. 

A medida que este patrón de uso se acrecienta, también lo hace el estrés, observaron los investigadores. Y hay más información al respecto: mientras más frecuentemente revisa alguien un teléfono por motivos personales, más aumenta el estrés. 

En los casos extremos, la presión de mantenerse en contacto puede volverse extrema, hasta tal punto que los usuarios más estresados perciben alertas (por ejemplo, a través de las vibraciones del teléfono) que no existen. 

"Claro que mantenerse conectado es bueno", reconoció Balding. "Pero todos necesitamos un descanso. Algo de tiempo privado. De otra forma, hay un riesgo de que el estrés y la tensión que se acumulan por mantenerse conectado terminen teniendo un impacto negativo sobre las relaciones". 



Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside, dijo que aunque las observaciones le parecieron "razonables", se necesita más trabajo para establecer una verdadera causalidad. 

"Quizás las personas que ya están estresadas y neuróticas sean más propensas a revisar sus teléfonos compulsivamente en primer lugar, tal vez las personas que tienen niveles altos de estrés son las que necesitan tener sus teléfonos encendidos todo el tiempo", apuntó. "Necesitamos ver qué lo causa realmente". 

"Por supuesto, muchas investigaciones muestran que realmente vivir en el momento hace a las personas más felices", señaló Lyubomirsky. "Y claramente es menos probable que disfrutemos del momento si estamos revisando el teléfono. Pero al mismo tiempo, no siempre es malo. Me ahorra tiempo. Hace que mantenerse en contacto sea más fácil, y permite hacer varias tareas a la vez. Hay muchas personas que pueden sentir placer al enviar un correo electrónico de agradecimiento a alguien, o al buscar información en internet. Lo que importa es cómo se usa el teléfono, no el teléfono en sí". 

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.